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El caso de los adolescentes que abandonan la escuela es un problema con serias consecuencias sociales. La importancia de graduarse de la secundaria como mínimo requisito para obtener un empleo ha aumentado dramáticamente en los últimos cincuenta años. Diversos estudios han puesto en evidencia que los jóvenes que abandonan la escuela tienen: un nivel de ingresos más bajo, un alto nivel de desempleo y más probabilidad de estar envueltos en asuntos criminales (McNeal, 1997). Por otra parte, desde la economía se sostiene que el incremento de jóvenes que abandonan la escuela resulta en una reducción en las ganancias de impuestos públicos y un aumento en los gastos para programas de asistencia social del gobierno (Rumberger, 1987). Pero más importante todavía es que cuando el joven abandona la escuela se priva de alcanzar su mayor potencial. (Gráficos No. 09 y 10)
Fuente: INEI – 2017.

La unidad de Medición de la Calidad de los Logros de Aprendizaje (UMC) del Ministerio de Educación aplica evaluaciones estandarizadas para conocer en qué medida los estudiantes logran los aprendizajes esperados según el Currículo Nacional de Educación Básica (CNEB) en determinados grados y áreas de escolaridad, tomando en cuenta la perspectiva del enfoque por competencias, adecuándose a la diversidad de los estudiantes y brindando una visión integral de los aprendizajes.
Bajo estas consideraciones, resultan preocupantes los resultados de la Encuesta Censal de Estudiantes (ECE) del año 2019, de los y las estudiantes de segundo grado de secundaria, tal como se muestra en el gráfico N°11 que demuestra que un mínimo porcentaje de los y las estudiantes de nuestra región alcanzan el aprendizaje esperado, en lectura el 3.1%, en matemática el 2.2% y en Ciencia y Tecnología el 2.2%, quedando un altísimo porcentaje en el nivel previo al inicio del aprendizaje, en el nivel insuficiente y en proceso.
GRÁFICO N° 11
LORETO, 2019. RESULTADOS DE LA EVALUACIÓN CENSAL ESCOLAR EN LECTURA, MATEMÁTICA, CIENCIA Y TECNOLOGÍA
En el artículo 12 se menciona que la Educación Técnico-Productiva atiende a adolescentes, jóvenes, adultos y personas con necesidades educativas especiales que requieran:
a) Desarrollar sus inclinaciones vocacionales, competencias laborales y capacidades emprendedoras para el trabajo.
b) Capacitarse y especializarse en competencias laborales, así como reconvertir sus aprendizajes ocupacionales.
c) Complementar el desarrollo de la educación para el trabajo que ofrece la Educación Básica.
d) Convalidar sus estudios y reconocer sus experiencias laborales[1].
Por otra parte, diversos estudios señalan a la pobreza, como limitante presupuestaria al acceso de la educación superior por los costos que la misma implica. Sin embargo, tanto o más importantes son las características de la familia derivadas de la situación de pobreza.
Por ejemplo, las preferencias por la educación del hijo frente a las urgencias que sufre la familia, ya que el tiempo invertido en los estudios es percibido como un costo, debido a que el mismo podría ser empleado por el joven en generar ingresos para el hogar.
Asimismo, el nivel de educación de los padres de familia es un factor determinante en el desarrollo de habilidades cognitivas en el estudiante y un motor de motivación para seguir estudios postsecundarios, entre otros.
Pese a que el Gobierno ha realizado esfuerzos para que un porcentaje de los adolescentes y jóvenes de familias pobres pueda recibir educación superior (Beca 18), la gran mayoría de los jóvenes peruanos tienen pocas opciones de alcanzar y concluir exitosamente este nivel de educación. ¿Qué posibilidad tienen estos jóvenes y adolescentes? La educación técnico-productiva es una alternativa para ellos.[2].
En diciembre del año 2018, los egresados y egresadas de las instituciones educativas públicas de nivel secundario que brindan formación técnica en la Educación Básica Regular, recibieron una doble certificación; es decir, además del “Certificado de Estudios
Secundarios”, el egresado también contó con la “Certificación Modular”, que permite al estudiante transitar hacia los Centros de Educación Técnico-Productiva (CETPRO), Institutos de Educación Superior (IES) o Escuela de Educación Superior Tecnológica (EEST), mediante la convalidación de las competencias y capacidades adquiridas en su secundaria técnica.
Así lo establece la Resolución Ministerial N° 667-2018-MINEDU, permitiendo a los estudiantes desarrollar una formación integral y mejores oportunidades de empleabilidad y transitabilidad hacia la formación superior.
Están comprendidas en esta norma las instituciones educativas públicas del nivel secundario que brindan formación técnica en la educación básica regular y que cuentan con docentes especialistas en el área de Educación para el Trabajo. Asimismo, se requiere que estas instituciones educativas cuenten con equipamiento básico operativo para el desarrollo de la oferta formativa de las especialidades que brindan.
Algunas de ellas fueron creadas como colegios industriales, comerciales, agropecuarios, politécnicos y otros fueron equipados en los últimos años por el Ministerio de Educación, gobiernos regionales, gobiernos locales, organizaciones de la sociedad civil, etc.[3]
[1]http://www.minedu.gob.pe/normatividad/reglamentos/proyec_reg-EducTP-RCD19-11-04.pdf
[2]https://semanariocomexperu.wordpress.com/educacion-tecnico-productiva-una-alternativa-contra-la-pobreza/
[3]https://www.gob.pe/institucion/minedu/noticias/23418-egresados-de-secundaria-tecnica-tendran-doble-certificacion-valida-para-cetpro-ies-o-eest